ROMANCE DE LA REELECCIÓN DEL DECANO.

Radiante está Sergio Herrero,

Su faz alegre y contenta.

Reposa ya en su despacho

De pecho sobre la mesa.

En su testa coronada

Entre plateada y morena,

Lucen purpúreos laureles

De gloria propia y ajena,

Por la victoria lograda

En elecciones tan fieras.

Por ello alegre está Herrero,

Cacique de vieja escuela,

De aquéllos decimononos

Que puro y duro ofrecieran

A quienes venden su voto

Por un plato de lentejas.

Sonrie Sergio; abraza, llora;

Sus amigos vitorean;

Sus partidarios, felices;

Sus familiares, ¡no vean!.

Un negro dos de diciembre,

Dos mil nueve en nuestra era

Fue reelegido decano

¿Suerte? No: desgracia nuestra.

Los letrados gijoneses

Puestos so yugo y melena

Por faltalles un Horacio

Como en tiempo de Porsena.

Nos faltó aquí un Cayo Mario,

Quizá Graco, o un Julio Cesar.

En vez de Bruto hay un bruto

que de poder se alimenta.

Un lustro más un Herrero

Que nos carga de cadenas;

Que nos pasa bajo el yugo

(y quizá bajo las flechas).

Que nos falta aquí al respeto;

Nos humilla y ningunea;

Nos trata como a ganado

(ni como esto tan siquiera,

Que al ganado, ganaderos

Lo cuidan, miman y atiendan).

¡Oh tristes, pobres letrados!

Cinco años más de faenas,

Modales dictatoriales

De quien fue camisa vieja.

Quien piense esto va a ir mejor

No sabe lo que le espera

(porque, o bien es un ingenuo

O sordo y ciego estuviera)

Sergio dice a sus amigos:

Aquí, la victoria es nuestra.

Ha ganado mi talento.

Gran mérito mío esto fuera.

Solo yo gané batalla

Tan reñida, cruda y fiera.

Y, quien piense lo contrario,

¡Fuera de aquí!¡Largo!¡Puerta!.

Mediática es la mi faz.

Aunque ruda, noble y bella.

Acercóme al elector

Y la victoria me diera.

Digo aquí en voz alta y clara

Para que duda no hubiera:

Hagamos todos un brindis:

Por mi diosa Mari Pepa”.

A veinte millas de allí

Un gran suspiro se diera

En ese lujoso inmueble

Sede de la Consejera.

Doña Maria José Ramos

Aliviada se sintiera.

Pues ganó mi candidato.

¡Albricias!¡No más problemas!

Puedo afrontar ya tranquila

El mandato que me queda”.

Son mil ochocientos días

Larguísimos los que restan

De este nuevo rey felón

Y otro “vivan las caenas”.

Ante el negro panorama

¿Qué futuro aquí me espera?

¿La omnímoda voluntad

Del nuevo Cómodo César?.

A mi amigo el empresario

Recordarle yo quisiera

El puesto de aparcacoches

Que hace tiempo me ofreciera.

¡Recuerdalo, por favor!

Olvidarlo no quisiera.

Pues lo necesitaré

Antes de lo que tú esperas.

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