INCIVISMO Y PREPOTENCIA DE LOS DIRIGENTES COLEGIALES.

Hace ya tiempo y desde este mismo foro dabamos cuenta de la esperpéntica astracanada que perpetró en su día nuestro omnipresente secretario técnico contra nuestro compañero y amigo El novio de la muerte, que además ostenta el cargo de vicepresidente de la Asociación de Abogados El Patio de mi Colegio. La verdad es que a quienes tenemos la suerte o la desdicha de conocer al personaje contratado con nuestros dineros para realizar unas tareas que, la verdad, dista mucho de prestar con la diligencia y eficacia que debiera, pues no nos coge de sorpresa ninguna noticia que tenga como sujeto activo de la misma a este tétrico simulacro de secretario técnico que nos ha caído en desgracia, que no en suerte. Ahora bien, una cosa es la ineptitud y las formas de un ciudadano cuyas carencias son de dominio público (y no sólo en el ámbito de la abogacía, sino que las hazañas del personaje han desbordado el ámbito corporativo y se han extendido a la propia Administración de Justicia, parte de cuyo personal ya ha sufrido en sus carnes las peculiares aptitudes del sujeto en cuestión) y otra muy distinta que desde la élite colegial, por puro revanchismo y sin otras razones que una animadversión única y exclusivamente personal, aproveche tal coyuntura para arremeter contra un compañero que, con su esfuerzo y sus dineros ,está contribuyendo al mantenimiento no sólo de estas decimonónicas estructuras que esperemos tarden poco tiempo en fenecer por causas naturales, sino que con los emolumentos que percibe con su trabajo está abonando el sueldo de un sujeto que, de prestar servicios en la más generosa de las entidades privadas, estaría hace tiempo engrosando la cola del paro.

Pues bien, hoy ha tenido lugar en el juzgado de instrucción número uno de esta ciudad el juicio de faltas que enfrentaba a mi muy querido amigo El novio de la muerte con el señor Gordo (de apellido) a raíz de los sucesos que tuvieron lugar en su día y a los que el propio interesado hizo referencia. La verdad es que por motivos estrictamente profesionales no pude acudir, y espero que el propio interesado nos ofrezca en breve una detallada crónica del evento. No obstante, no me gustaría que mi silencio culpable se interpretase como aquiescencia o apoyo a una élite colegial que en este asunto, como en tantos otros, ha orillado cualquier ápice de dignidad, de decencia, de compañerismo y de profesionalidad para gritar a los cuatro vientos el grito de vendetta. Ha faltado tiempo a los miembros de la Junta de Gobierno, especialmente a quien la preside, para demostrar lo que muchos ya teníamos como una verdad totalmente acreditada, a saber, que pese sus muchas apelaciones a la ética, al compañerismo y a la dignidad que año tras año perpetra el jerarca en sus infumables discursos de bienvenida a los nuevos letrados no son más que humo o, como diría la bellísima canción interpretada por los Platters, Smoke gets in your eyes.

No me cabe la menor duda de que el señor Herrero esgrimirá como única tesis para la defensa de su actuación la abrumadora mayoría de letrados que en las pasadas elecciones del 2 de diciembre confiaron en su gestión otorgándole su voto. No niego ni su legitimidad, ni su victoria, y sería estúpido negar la  evidente mayoría que revalidó su cargo. Pero recuerde el actual decano que el treinta de enero del año 1933 tomó posesión como canciller de Alemania un hombre llamado Adolfo, tras haber obtenido en unas elecciones libres una mayoría aún más abrumadora que la que el señor Herrero obtuvo en las pasadas elecciones al decanato. Y no creo que a estas alturas nadie utilice el manido recurso a las urnas y a la mayoría que la sustentó para justificar siquiera mínimamente la gestión del gobierno alemán entre los años 1933 y 1939.

Anuncios