CARLOS CARNICER Y “SU” REFORMA DE LA LEY DE JUSTICIA GRATUITA.

La casta dirigente del sindicato vertical que continúa siendo el Consejo General de la Abogacía continúa tan alejada de los intereses de la profesión como ha estado siempre y, si no, ahí tienen la última performance del presidente del Consejo General del Movimiento….perdón, ha sido un lapsus, quería decir del Consejo General de la Abogacía Española, Carlos Carnicer, quien aboga por una reforma de la Ley de Asistencia Jurídica Gratuita. Pero no una reforma que dignifique las retribuciones de los letrados, sino una reforma para….¡ampliar su ámbito de aplicación! Es decir, para que más ciudadanos puedan acogerse a ella. Como se ve, el inefable presidente del organismo teóricamente rector de la Abogacía tiene en mente más al justiciable que a quienes en principio debería representar.

Esto no es nuevo, y si ocurre es porque los jerarcas apoltronados en tan altas cumbres tienen un estatus cuasi-funcionarial que hace que la distancia que tienen respecto a sus teóricos representados sea prácticamente equivalente a la que los gobernantes del Antiguo Régimen tenían respecto a sus súbditos. Pero en este caso el señor Carnicer “olvida” que si está ahí es exclusivamente gracias a las cuotas que todos los abogados nos vemos obligados a pagar por pertenecer a unos entes cadavéricos rancios y decimonónicos que tiempo ha deberían haber pasado a mejor vida. El Consejo General de la Abogacía no es un sindicato de justiciables, sino una corporación que, en principio, debería velar por los intereses de la profesión letrada. El “justiciable”, señor Carnicer, tiene a su merced diversas organizaciones de consumidores que, a nivel autonómico e incluso estatal, velan por los intereses de quienes ostentan tal condición. Mal está que un letrado tenga que luchar en varios frentes, pero es lamentable que para ejercer la profesión uno se vea obligado a vigilar continuamente su espalda, al provenir los ataques de quien en principio debiera ser su aliado. Aunque no es nada extraño, pues las deserciones siempre han estado y continúan estando a la orden del día, y desgraciadamente hace tiempo que el ente que el señor Carnicer preside ha desertado de su obligación fundamental. El señor Carnicer está en todo su derecho a solicitar una reforma que beneficie al justiciable, pero no a costa del letrado. Y, si su amor por el justiciable es tan ferviente, que abandone el Consejo de la Abogacía o cualquier institución representativa de la misma y, como miembro de alguna de las distintas organizaciones de consumidores que pueblan nuestro país, y realice tales declaraciones desde tales foros.

¿Se imaginan ustedes al Secretario General de la Unión General de Trabajadores proponiendo una reforma laboral para que los empresarios pudieran cesar a los trabajadores a menor coste? ¿O a un dirigente de la Organización de Consumidores y Usuarios abogando por una reforma de la legislación de consumo en beneficio del empresario y en detrimento del consumidor? Sería inimaginable. Pero lo que es inimaginable en otros organismos es lo cotidiano en los arduos e infatigables representantes de la abogacía española, cuyo arrojo ante la Administración es similar al del apuesto pero cobarde Alejandro de Troya, siniestro personaje que, retado a combate por Menelao para que el vencedor se quedase con la tindárea Helena, prefirió esconderse bajo el manto protector de Afrodita que afrontar el problema cara a cara.

Al igual que en la guerra de Troya, me da la impresión que en el mundo de la Abogacía estamos faltos de gente como Héctor…..y sobrados de personajes como Paris.

¡Qué desgracia la de los letrados!

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