Y AHORA QUÉ?

Tras haberse celebrado las elecciones en nuestra queridísima región, y ante la inminente huelga general antesala de los presupuestos más austeros de la historia, nuestra profesión, que debería ser motor de la sociedad (o, cuando menos, eso que te hacían soñar en las ya lejanas épocas de primaveral juventud), es un pesado lastre tanto para quien la ejerce como para la propia sociedad, por lo que a quien se dedica al ejercicio de la abogacía no le queda otra cosa que plantearse una será reflexión. Uno mira a su alrededor y contempla situaciones malas, pésimas, mas ninguna tan falta de amparo como la quien asume como modo de vida la defensa de los derechos de los demás. En este ocaso de la arquitectura social, no escucho siquiera un eco de dicha situación, por lo que, en épocas difíciles como las que se avecinan, estimo es momento de replantearse las cosas y clarificar el camino a seguir, y acaso ese replanteamiento no viene dado ya por articular razones, sino por mera necesidad vital. Así, no puede dejar de causar perplejidad y una cierta ira contenida la escandalosa actuación de colectivos que, cuando no mucho ha ejercieron su derecho de huelga como medio de reivindicación de mejoras exclusivamente salariales, tuvieron paralizado todo el servicio público de la Administración de Justicia y que ahora, ante la convocatoría de un paro general por el resto de los sectores, no entienden necesaria tal medida al no “haberse hagotado todas las vías…”. Uno puede coincidir o no en que sea el medio correcto para invocar sus razones, pero quien oprimió a todos los ciudadanos con un uso abusivo de ese medio no puede sin rubor negárselo al resto de la población.

La situación que denuncia mi compañero El novio de la muerte se convierte ya en obscena, pues cuando quien debe impartir justicia coacciona vilmente con introducir en una sala flanqueada por gruesos barrotes de hierro a quien trata de dar sentido al equilibrado ejercicio del derecho y poder al menos, vivir dignamente de dicha actividad.

Todo esto nos tiene que llevar a preguntarnos Y AHORA QUE?. ¿Toca resignarnos a volver a los tiempos en que el trabajo jurídico en este caso apenas nos permita subsistir? ¿A que no pueda ser desarrollado con las mínimas garantías pues la necesidad apremia? ¿A sentir como todo colectivo logra ser escuchado y mínimamente representado mientras tras la tempestad llegó la calma y nosotros aquí estamos trabajando sin cobrar como siempre peleados y también como siempre sin ser escuchados?     Cambian aquellos que dirigen nuestros caminos, por lo que también deberíamos preguntarnos Y AHORA QUE? Alguien al menos entre las altas instancias debería reflexionar siquiera unos instantes y explicarnos de manera razonada y razonable por qué los letrados no tenemos garantizado en la práctica el constitucional derecho de mantener nuestra salud, o aquel otro derecho constitucional a obtener una remuneración digna por el trabajo desarrollado. Es si acaso el momento de que estos nuevos sujetos que ocupan poltronas escuchen y decidan si aquel que defiende al necesitado no tiene derecho, cuando menos, a vivir al dignamente.

Espero quien lea estos párrafos me sepa disculpar, que se pregunte y, cuando menos, intente si puede responderme  Y AHORA QUE?. Simplemente deseaba plasmar en unas pocas lineas unas breves reflexiones en voz alta que pasan por mi cabeza en tiempos desesperados en los que uno ve todo se mueve alrededor mientras en el entorno más cercano todo está en calma…justo lo que ocurre con los huracanes.

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