Por fin los Abogados somos personas

Es evidente que, en estos tiempos, la consideración social de la profesión de Abogado está por los suelos. Casi al nivel de las “señoritas de compañía”. El ciudadano medio se imagina al Abogado como alguien que está “pa sacar les perres y no hacer nada” (oido por mí mismo en la calle). Cualquiera asume que otros profesionales cobren un pastón y nadie se rasga las vestiduras por ello: El Notario, el Registrador de la Propiedad, el dentista (por supuesto), incluso el fontanero que viene a casa a arreglar el grifo (“desplazamiento, mano de obra, etc, etc, total 100 €”). En cambio el Abogado es siempre caro para lo que hace. Si cobras 50 € por una consulta de hora y media que te dejó la cabeza como un bombo, eres un pesetero y un carero. No hace mucho tuve que declinar defender a un tío rata que pretendía que le defendiese en un juicio ordinario de reclamación de 25.000 € pero que le parecería carísimo que el Abogado le cobrase más de …300 €.
No sólo eso: Hasta hace poco los Abogados no éramos personas. Lo digo porque se nos negaba la asistencia sanitaria pública a menos que nos apuntáramos al RETA. Es decir, que esa prestación que, según algunas almas delicadas y progresistas, no puede negarse a ningún ser humano (aunque se trate de un rumano sin papeles, ladrón y delincuente) sí podía negarse a los profesionales de la toga. Conclusión evidente: No éramos personas.
Unos ejemplos servirán para ilustrar lo aberrante de la situación: Si atracabas un banco, te pillaba la Poli y acabadas en Villabona, tenías tarjeta sanitaria. Lo mismo que si eras un extranjero ilegal, tironero y delincuente.
(porque aquí en España, te cuelas por la puerta de atrás para vivir del cuento y no hay quien te eche y encima todo son privilegios y prebendas). Segundo ejemplo: El Abogado de oficio que acudía a Comisaría, podía carecer de tarjeta sanitaria, pero su cliente (el cual podía haber sido detenido 35 veces en la misma semana) seguro que no carecía de ella. Esto sí que es progresismo del bueno. En España no cabe un tonto más.
Desde el 4 de Agosto de este año, esta situación cambió y ya nos conceden sanidad pública siempre y cuando no ganemos más de 100.000 € anuales (????). Un servidor fue de los primeros en acudir a solicitar ser incluido (junto con la familia, que tambien nosotros tenemos que tener derecho a “reagrupación familiar”) y ya me ha sido concedida, por fin, esta prestación. Lo que es inevitable es el papeleo burocrático inevitable en esta Hipania nuestra: “Vaya Ud a Tesoreria, luego al Centro de Salud, otra vez a Tesorería, traiga el Libro de Familia, DNI, fotocopia de esto y lo otro, pida hora para la expedición de la tarjeta, traiga esto otro más, fotocopia del club de amigos del ratón Mickey y de Supergoofy, etc)”. Y luego le ponen a uno como titular del derecho a asistencia sanitaria como persona “sin recursos”. A mí me da igual lo que pongan con tal de que me den el servicio que reclamo pero, caramba, tampoco tienen por qué poner a uno como, casi casi, un indigente.
En fin, que de momento, me siento feliz de descubrir que soy persona y no un simple “sujeto pasivo” para Hacienda.

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