¿POR QUÉ ESTOY METIDO EN ÉSTO?

En los últimos días hemos sido testigos de las movilizaciones que en toda España, auspiciadas por Abogados Jóvenes, se produjeron en protesta por el proyecto de Ley del Ministerio de Justicia respecto del establecimiento y ampliación del sistema de tasas que quiere imponer, a fortiori, para poder acceder a los Tribunales y, por ende, acceder a la Justicia. Es muy probable que la próxima medida que adopte Gallardón para desatascar nuestros Juzgados y Tribunales sea reimplantar la pena de muerte y fusilar al amanecer a quienes ejerciten acciones legales ante los Tribunales de Justicia…

Muy loable y enternecedora la actitud de los Abogados Jóvenes…, pero actitud loable para los pobrecitos e ¿indefensos? justiciables. Realmente es tierno y levanta las más dulces y mimosas reacciones emocionales la actitud de la organización nacional de Abogados Jóvenes y sus distintas Agrupaciones locales a la hora de defender, por enésima vez, los intereses del común de los ciudadanos; o sea: los intereses del tan traído y llevado “justiciable”.

Me gustaría saber, empero, si las bases de las distintas organizaciones agrupadas como de Abogados Jóvenes de nuestro país tienen suficiente espíritu crítico, y están conformes con su dirección y la filosofía que alumbró la movida del pasado día 31 en toda España. Me explico: realmente al Abogado Joven, al chico que hace seis meses, dos años, cinco años que ha empezado a ejercer, que se ha colegiado y paga unas cuotas infames a esos castillos medievales llamados Colegios de Abogados, que las está pasando canutas para sobrevivir en esta selva (y lo que te espera, compañero, como nos espera a todos si no espabilamos…), y que cada día ve cómo el poder político le quita trabajo y le quita por tanto el pan, ¿realmente, digo, a ese Abogado Joven le importa tanto lo que le ocurra al justiciable, al Estado de Derecho y al sumsum corda? ¿O más bien le importa que pueda acceder al Turno de Oficio desde el primer día de colegiación (si no puede hundirle la vida, porque es presuntamente inexperto, al Cliente que le asigna el Estado en Turno de Oficio, por qué puede hundir la vida del Cliente que le lleva el dinero al Despacho y le encarga llevarle un asunto particular), le importa que le paguen ese Turno de Oficio según los criterios del mercado en ese momento, y le importa que el Estado no se devane los sesos introduciendo reformas procesales que, una tras otra, le quitan cuota de trabajo? ¿Qué le importa al Abogado Joven de a pie, al Abogado Joven raso, al que no pertenece a los máximos órganos de dirección de las organizaciones de los compañeros noveles: su modus vivendi y el futuro inmediato de su profesión, de su Despacho y, por lo tanto, de sí mismo y de su familia en definitiva, o por el contrario le importa que al justiciable Gobierno tras Gobierno le vulnere no sé qué derechos fundamentales y se cargue media Constitución?

He ahí la pregunta del millón, cuya respuesta explicará muchas cosas.

Si por un casual el Abogado Joven tipo, el Abogado Joven medio, el Abogado Joven de a pie que decíamos hace un momento, piensa que lo importante es el justiciable, la pervivencia del actual sistema de Justicia Gratuíta y la vida y milagros del Estado de Derecho y que los Abogados debemos ser espadachines de ese status quo, entonces mi conclusión es que tenemos lo que nos merecemos. “¡Vivan las caénas!”, que dirían los absolutistas al Rey Felón (el primer felón de los Borbones al decir de algunos) cuando regresó a Madrid y se pasó por la piedra la Constitución de Cádiz de 1.812.

Pero por si un casual ese Abogado Joven al que me dirijo tiene vida propia, conserva intacta su capacidad racional como buen Letrado que es, tiene una mente abierta, y es celoso de su independencia intelectual amén de tener acendrado un justo sentido de la supervivencia, seguramente a estas horas ya haya respondido a la pregunta del millón que enunciamos antes y haya convenido, conmigo, que lo que realmente le preocupa (a tí y a mí también, compañero) es lo que nos pase a nosotros en nuestra profesión porque para eso somos eso, “profesionales”, y queremos y pretendemos vivir de nuestra profesión, o sea, de nuestro trabajo; porque luego los hay malévolos que establecen una dicotomía trabajador-profesional y acaban negándonos también el derecho a la huelga porque, dicen, no somos “trabajadores”…

Si tengo la suerte de que me sigan leyendo a estas alturas Abogados Jóvenes de los que piensan por sí mismos, no teledirigidos por “los serviles” de la Confederación de Abogados Jóvenes, del Consejo General de la Abogacía y de los Colegios de Abogados, en ese venturoso y muy probable caso, digo, os confieso mi desasosiego –por ser suave- no ante el hecho en sí de manifestarse contra la pretendida Ley de Tasas, que es justo y necesario hacerlo, sino ante la filosofía oficial que alumbró la convocatoria y celebración de esas concentraciones esta semana del mes que terminó.

Y es que es lástima que en todo ese alegato que pregona la casta dirigente de Abogados Jóvenes, que como todos sabemos es el equipo filial y la cantera de las futuras Juntas de Gobierno de todos los Colegios…, alegato por otro lado preñado de verdades como puños, hayan pecado una vez más, y ya son muchas, de alicortos y achatados por los polos, como nuestro querido planeta azul, y no hayan tenido la dignidad, la vergüenza y el coraje de decir que la ampliación del sistema de tasas y su establecimiento en otros supuestos REDUNDA DIRECTAMENTE EN UNA MERMA ALARMANTE DE LA CARGA DE TRABAJO QUE SUFRIRÁN NUESTROS DESPACHOS.

Eso es lo que me preocupa a mí y no otra cosa, amables lectores de este Blog.

Y entiendo que ESO…, y no lo otro…, es lo que debe preocupar a la Asociación El Patio de mi Colegio –la que me honro en presidir- y así lo pienso sostener y defender públicamente el próximo día 17 en la Asamblea confederada que celebraremos en la ciudad imperial de Toledo. Desde luego, una cosa es que en esta guerra absurda y pérfida que inicia el ínclito Sr. Gallardón haya “daños colaterales” (los justiciables y su derecho sacrosanto a la defensa como corresponde en un Estado de Derecho; algo que ni yo ni nadie vamos a discutir a estas alturas de la película), y otra cosa, que es la que nos debe importar a todos, es que esas tasas lo que me van a provocar a mí es que mis Clientes demandarán menos que hasta ahora; mis Clientes recurrirán menos que hasta ahora; en definitiva, que mis Clientes serán menos Clientes que hasta ahora, me encargarán menos asuntos que hasta ahora y mis dineros procedentes del ejercicio de mi profesión serán también muy inferiores a los que percibía hasta la fecha.

ESO ES EN LO QUE TENEMOS QUE INCIDIR EN EL PATIO Y EN LA CONFEDERACION, compañeros. Y de ahí el título de este post y la explicación del por qué estoy metido en ésto.

Que el proyecto de Gallardón y su Gobierno es inconstitucional, pues por supuesto que sí.

Que habría que mirar quién le pone el cascabel al gato y se debería interponer un recurso de inconstitucionalidad, pues también.

Que la Defensora del Pueblo debería tomar cartas en el asunto sí o sí, que para eso está ahí y para eso cobra, pues claro que sin duda alguna si es que, como sospechamos todos, en el vocablo “pueblo” se incluye también al “justiciable”…, pero también el de “ABOGADO”…

Que un Estado de Derecho no puede permitirse limitar e incluso impedir que un ciudadano, en función de su poder adquisitivo, pueda acceder libremente a la Justicia, es algo que ninguno de nosotros va a poner ahora ni nunca en duda.

Pero caramba…, que NI UNA SOLA LINEA DE ESE PANFLETO DE ABOGADOS JOVENES DIGA QUE LA “FELIZ” IDEA DEL MINISTRO GALLARDON Y QUE DEFIENDE EL GOBIERNO DEL PP LO QUE VA A HACER ES REMATARNOS A NOSOTROS Y QUITARNOS EL POCO TRABAJO QUE NOS QUEDA…, CLAMA AL CIELO.

Y ahí es donde a mi juicio El Patio debe hacerse notar en la inminente Asamblea de Toledo, antes de Toledo, y después de Toledo; y por El Patio, la CEAT; en todo momento y circunstancia. Porque si en algo nos tenemos que distinguir de lo que ya hay es en cosas y en situaciones como éstas: en las que todo quisqui, como borreguitos, dice sólo lo políticamente correcto, y donde nosotros, El Patio, integrados en la CEAT, debemos decir lo que brota de nuestros corazones y anida sin duda en los corazones de muchos borreguitos que, o por esclerosis mental aguda (¡qué pena!), o por cobardía, o por comodidad, o por aspirar a ser en breve uno más de los dirigentes del bando de “los serviles”, o por ser estómagos agradecidos de la Nomenklatura y el establishment, no se atreven ni a balbucear.

Yo como Abogado JAMAS me voy a partir la cara por el justiciable como entidad o concepto político. Soy un profesional del Derecho, no una ONG ni El Patio o la Confederación son en absoluto Organizaciones de Consumidores. Si esta noche cualquiera de vosotros no tiene para cenar, ningún justiciable va a venir a daros un pedazo de pan; al revés: tendréis seguramente, como tengo yo, a más de un “justiciable” al que estéis intentando cobrarle alguna minuta que no os abonó en tiempo y forma, así que no se le llene a nadie de nuestro gremio la boca de tanto “pobrecito justiciable” porque no podemos ser más papistas que el Papa de Roma.

Como miembro fundador de la Asociación “El Patio de mi Colegio”, os confieso que siempre pretendimos ser un auténtico y genuíno Sindicato de Clase en el sentido marxista del término; y lo dice alguien que no es por cierto un filomarxiano precisamente. Pero tengo claro que una Asociación de Abogados que se precie, sea de Abogados de Oficio, sea de Abogados Jóvenes, o sea de Abogados Amigos del Koala Australiano, o es un SINDICATO DE ABOGADOS y, por ende, tiene la filosofía de un sindicato de clase al uso para la defensa de los intereses de todos sus miembros, o no es nada. Yo no participé en la constitución del Patio en Gijón para que ahora estemos defendiendo a los justiciables; ni hice lo propio cuando ayudé a la constitución de la CEAT y ahora me vaya a poner a defender las bondades del pobrecito justiciable y llorar y manifestarme porque le quitan estos derechos o los otros o los de más allá. Si en cualquiera de nuestros discursos y proclamas lo tenemos que mencionar de pasada, porque viene al caso, lo hacemos, ¡faltaría más!, pero de ahí a montar el pollo por el justiciable, a hacer del justiciable el centro de todas las cosas, nuestro leit motiv, y a girar como norias acéfalas carentes del más mínimo espíritu crítico alrededor del justiciable, ¡ni hablar del peluquín!

Y vuelvo a autopreguntarme lo que motiva el título de este post: ¿por qué me metí yo en este lío?

Pues os diré que el humilde redactor de estas líneas está en ésto desde el 2.008 PARA DEFENDERME YO COMO ABOGADO, PARA DEFENDER A LOS MIOS QUE SOIS TODOS VOSOTROS QUE COMPARTIS TOGA CONMIGO, PARA DEFENDER AL COLECTIVO PROFESIONAL AL QUE PERTENEZCO. Para eso y no para otra cosa es para lo que me metí yo en ésto y para lo que estoy yo en ésto. Que nadie me busque para ninguna otra cosa ni causa, pues ni buscamos fastos u oropeles, ni inflar nuestro ego personal, ni servir a ideología política alguna, ni siquiera para conseguir la Cruz de San Raimundo de Peñafort porque esa se la dejamos a los serviles para que premien a sus palmeros. Nosotros somos soldados del Derecho y combatimos lealmente a pecho descubierto, no somos generales que presuman de medallitas y no tengan ni idea de lo que es disparar un tiro en una trinchera. Nosotros SÍ sabemos lo que es el día a día de la profesión, ellos no…

Y sé que me lloverán chuzos de punta por lo que voy a decir, pero las verdades se dicen a la cara y quizá algunos se queden electrocutados por mi franqueza, mas confío en que al menos haya uno, dos o tres compañeros a los que, lejos de electrocutarles, les electrice: los “daños colaterales” que haya en esta guerra que ha declarado Gallardón al mundo de la Justicia en su conjunto me importan lo justo, y de lo justo, la mitad de la mitad. Con lo cual, si al justiciable le vulneran sus derechos constitucionales (que todos estamos de acuerdo que sí se los vulneran), que vaya a la OCU o al Defensor del Pueblo; yo como Abogado sólo defiendo mis propios y exclusivos intereses y por ende defiendo sólo al justiciable… QUE ME PAGA MI MINUTA. Y si no cobro, no trabajo.

No estoy aquí para decir frases amables a la ciudadanía; para eso ya están los serviles. Yo estoy metido en ésto, mis queridos compañeros, para clamar por nuestra profesión, por nuestros intereses y por nuestro futuro. No para ir “contra nada ni nadie” (el Sistema, el justiciable), que no es eso, pero sí para ir “por alguien”: LOS ABOGADOS. Quizá como ciudadano de a pie yo pensaría igual que el Sr. Carnicer, que Abogados Jóvenes…, pero resulta que si estoy metido “en ésto” es porque estoy en una trinchera que se aposta única y exclusívamente para defender nuestra posición como profesionales del Derecho. Entonces, aunque como ciudadano tenga mi opinión al respecto, igual que tengo mis filias y mis fobias deportivas, aquí estoy “metido en ésto” sólo para defendernos a nosotros mismos. Por eso me levantan ampollas quienes desde nuestras propias filas le hacen el juego a quienes no deben.

Creo que en eso coincida con mis amables lectores: yo no hice 5 años de Universidad para montar luego una ONG-Jurídica y desvivirme por defender a capa y espada al “desvalido” justiciable. Al contrario: cursé la carrera de Derecho en la Universidad de Oviedo para hacerme profesional de la Abogacía y ganar dinero honradamente con mi trabajo como Abogado; no entré en el Seminario para hacerme Sacerdote e irme después a las misiones. No debemos confundir una cosa con la otra.

De manera que muy bien montar el pollo en toda España contra las tasas, indudablemente, pero NO por los motivos que se esgrimieron por los convocantes y NO exponiendo argumentos estupendos durante media hora pero que esos NO SON LOS ARGUMENTOS QUE NOS DEBEN PREOCUPAR A LOS PROFESIONALES DEL DERECHO.

Porque entre las tasas, y antes los mediadores (que ya podrán ser Notarios, Cámaras de Comercio e incluso cualquier titulado universitario que supere un curso de equis horas Y PAGUE UNA PASTA A LOS LISTILLOS DE RIGOR PARA APARENTAR QUE SUPERA UN PRESUNTO CURSO DE CAPACITACION), y además los árbitros, y luego aparte los juicios monitorios…, ¿OS DAIS CUENTA QUE DE DIEZ AÑOS PARA ACÁ TODAS ABSOLUTAMENTE TODAS LAS REFORMAS PROCESALES QUE HA HABIDO EN ESTE PAIS OTRORA LLAMADO ESPAÑA HAN IDO CERCENANDO POCO A POCO O MUCHO A MUCHO LA CUOTA DE TRABAJO QUE TENIAMOS ANTES LOS ABOGADOS????????????????

Antes para reclamar un millón de las antiguas pesetas necesitabas Abogado sí o sí. Ahora puedes reclamar 250.000 euros sin que nuestra intervención técnica sea preceptiva; y una demanda de 200.000 euros, por ejemplo, nos renta a todos una Minuta golosa…

Antes si tenías un problema de consumo y el señor reclamaba al establecimiento, acababa yendo a tu Despacho. Ahora va a la Junta Arbitral de Consumo y se te fastidió el invento.

Antes, para solucionar un conflicto sin llegar a juicio, el Cliente también acudía a tí y tú hacías de mediador entre los dos; se llamaba antaño “transacción extrajudicial”…, ahora se la han cargado: se van a un “mediador” y te sigues fastidiando.

Antes para divorciarte o separarte, o ibas al Abogado, o ibas al Abogado. Ahora, si es de mutuo acuerdo o del uno con el consentimiento del otro, nos dicen que lo van a poder hacer los Notarios, que para eso tienen un Presidente que SÍ se ocupó de llorar por los suyos cuando fue menester y de pedirle al Sr. Gallardón “una ayudita, por el amor de Dios”…, cosa que los Abogados no tenemos ni hemos tenido nunca hasta la fecha.

Y antes para demandar, o cuando un juicio te salía mal porque el Juez se había pasado cuatro pueblos con la sentencia, al Cliente sólo le presupuestabas tus honorarios y los derechos del Procurador para poder ir ante la Audiencia; ahora resulta que tienes que añadir el capítulo de “tasa”, que en los casos de apelación puede darse el caso de que sea más el importe de la tasa que lo que tú como Letrado vas a cobrar al justiciable…, y desde luego es muchísimo más de lo que cualquier Procurador vaya a cobrar también por el mismo trámite.

¿Sigo????????

¿Y qué es que ésto sólo lo veo yo, y no lo ven los serviles: no lo ve el Sr. Carnicer y el Consejo General que él preside; ni los 83 Colegios de Abogados de toda España; ni los Consejos Autonómicos de Colegios allá donde los hay implantados; ni las Agrupaciones Jóvenes?

¿O sólo yo tengo el coraje suficiente como para decirlo, y el resto de España ni está ni se le espera?

No es que mi mensaje sea radical o yo radicalice el mensaje. Es que estamos rodeados de pollos sin cabeza por todas partes y claro, si uno o dos o media docena no son ciegos sino que ven el triste precipicio al que nos conducen nuestros pretendidos pastores oficiales, pues a esos se les denomina “iluminados”, “extremistas” y “radicales”… libres.

Pues yo prefiero ser todo eso, y mucho más, pero mantener sano mi cerebro y sobre todo mi libertad de pensamiento, de autodefensa de mis intereses y de combate feroz contra TODO y TODOS los que osen atacar lo que es mío y lo que es la esencia de mi profesión que es, ante todo, caballeros, un modus vivendi con el que mantener a nuestras familias y no un bien en sí mismo. No vamos “contra nadie” sino “a favor” de alguien: EL ABOGADO. Creo que eso se llamaba “legítima defensa” en Derecho Penal…, y que en el Evangelio hay una referencia a que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.

Y por eso estoy en El Patio. Y por eso estoy en la CEAT. Y por eso El Patio está en la CEAT. Y el día en que El Patio y la CEAT, la CEAT y El Patio, no sigan defendiendo, como hacen, estas cosas, el que suscribe no estará ni en la CEAT ni en El Patio porque habrán dejado de servir a los intereses que genuínamente les dieron razón de ser y alumbraron su nacimiento: LA DEFENSA INQUEBRANTABLE DE LOS INTERESES PROFESIONALES DE LOS ABOGADOS DE OFICIO DE TODA ESPAÑA.

Desde esta empalizada en primera línea del frente animo a todos los que me leéis a que acudáis como miembros del Patio a la Asamblea que celebraremos la Confederación el próximo día 17 de Noviembre en Toledo y coadyuvéis a aportar propuestas de lucha por nuestros intereses profesionales que hagan frente a las agresiones ilegítimas y desmesuradas que desde todos los ámbitos, fundamentalmente de las propias instituciones gubernamentales tanto a nivel central como autonómico, estamos sufriendo los Abogados y, más concretamente, los Abogados que hacemos realidad el servicio público contenido en el art. 119 de la Constitución. Sólamente la Confederación CEAT, y dentro de ella, El Patio de mi Colegio, se desmarcan del servilismo imperante en las instituciones de nuestra profesión y es herramienta de combate por la dignificación de nuestra condición como profesionales.

Ahora ya sabéis por qué yo estoy metido en ésto. ¿Y tú, mi querido amigo, por qué estás aquí?

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