Las tasas de Gallardón

Recuerdo una película de mi amigo, Paul Newman, en la que éste interpreta a un viejo Abogado al quel le llega, casi al final de su carrera, el que puede ser el asunto de su vida. En una de las escenas alguien le pregunta por qué eligió ser Abogado en lugar de Juez. A lo cual Paul responde:

“¿Por qué conformarse con ser árbitro pudiendo ser jugador?”.

Dejando de lado lo acertado o no de la respuesta lo cierto es que aquí, en España, estos “arbitros” están comprados. Viene esto último a cuento a propósito de la postura de alguna asociación judicial en relación con la Ley de Tasas que, viene a suponer en la práctica, la más grave amenaza para nuestra profesión en los últimos años.

En un primer momento, el Ministerio de Justicia, trató de justificar el atropello alegando que había que eliminar el recurso superfluo a la Justicia y la masificación de la misma. Esto no dejaba de ser una excusa pueril sin base ni fundamento. Algunos compañeros ingenuos llegaron a celebrar el que jueces y magistrados se pudieran de nuestra parte. Bastaba con pensar que a éstos, la susodicha ley no les perjudicaba en nada, antes al contrario, ya que tendrían menos trabajo con idéntica remuneración. Como era de esperar, el tiempo acabó dejando a cada cual en su lugar. Y es que, como se ha comentado recientemente, a los jueces lo que les molesta de verdad es la pérdida de la paga navideña. Si a ello añadimos el hecho de que alguna asociación judicial ha admitido que ellos mismos fueron quienes pidieron a Gallardón la imposición de tasas para financiar un fondo de pensiones para ellos, el cinismo de que hacen gala estos togados no conoce límites.

Pero es que además, el argumento es absurdo en sí mismo, por varias razones:

1º) En primer lugar porque, para la inmensa mayoría de los ciudadanos, el iniciar un proceso no es un trance agradable. La gente lo hace cuando no le queda más remedio. Además, si alguien litiga o no con temeridad, es algo que sólamente puede saberse al final del pleito, no antes. Lo que no puede hacerse es poner una barrera, a priori, contra todos los ciudadanos, impidiendo su acceso a la Justicia, constitucionalmente reconocido.

2º) Por otra parte, la legislación actual ya contempla medios para poner freno a quien, hipoteticamente, quisiera abusar de la jurisdicción. De un lado, la LEC prevee la facultad del juez de imponer multa a quien actue con mala fe procesal. También es posible condenar en costas, con expresa declaración de temeridad, con lo cual ya no entraría en juego la limitación contenida en la LEC.

3º) Por lo general, a cualquier juez le preocupa más su paga extra que la indefensión de los justiciables. Nunca les ha afectado el que éstos tengan asuntos pendientes de resolver años y paños. Ni tampoco les preocupó mucho en su momento que se suprimiera la apelación para los juicios verbales. A partir de entonces, si un ciudadano tiene la desgracia de que su asunto lo resuelve un juez sustituto indocumentado, si la cuantía es de, pongamos por caso, 5.900 € (cantidad no desdeñable), y el juez le dicta sentencia desfavorable, ya no tiene manera de defenderse. Y si encima le condenan en costas, se aguanta. Inadmisible.

4º) La jurisdicción más colapsada actualmente es, sin duda alguna, la contencioso-administrativa. Y ello se debe a que todas las administraciones (estatal, autonómica y local) avasallan y atropellan a los ciudadanos. Es más, en el Tribunal Supremo hay una Sala de lo Civil, otra de lo Penal y tres de lo Contencioso-Administrativo. Con la ley de tasas se impide también al particular defenderse contra los abusos del poder. Absolutamente impresentable.

5º) La jurisdicción penal queda excluida de las tasas. Y eso que, tratándose de juicios de faltas, más de una vez hemos visto casos esperpénticos que nunca debieron haber llegado a juicio. Sobre todo cuando se trata de discusiones entre vecinas.

En fin que nos hallamos ante un abuso y un atropello más a nuestra profesión. Ojalá esto sirva para que nuestro colectivo, tradicionalmente pasota e individualista hasta la exasperación, se una contra esta nueva tropelía que se acaba de perpetrar.

Ojalá no sea demasiado tarde y nuestra lucha acabe teniendo un final felíz. De ser así, se cumpliría lo dicho en su día por Winston Churchill en el sentido de que: “Nunca tantos debieron tanto a tan pocos”.

PD.- Uno de mis exploradores sioux me informa que, recientemente, el Sr Gallardón fue visto en un conocido restaurante madrileño almorzando con una. cohorte sin especificar. Por lo visto, con el alma contenta por el “melocotón” que llevaba encima (sic) se dedicó a comentar en voz alta los asuntos que se iban a tratar en el Consejo de Ministros del viernes, a decir que mesa de Ministro, mejor que de alcalde, etc. Este es el personaje.

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