Las patochadas de la Justicia 

Según cuentan algunos compañeros de avanzada edad, algunos ya retirados del ejercicio profesional, hubo un tiempo en que el Abogado podía asesorar a su cliente sobre la viabilidad o no de un asunto con un alto grado de acierto presuponiendo, como es lógico, que el Letrado en cuestión era mínimamente competente para la profesión. Hoy dia eso ha dejado de ser así. Dadas las características de algunos de los funcionarios de la toga puñetera, hoy día, acudir a un juzgado viene a ser como echar una moneda al aire puesto que no es tarea fácil adivinar por donde van a meter el pitón los morlacos de las distintas ganaderías judiciales. Lo cual ocasiona la lógica incertidumbre tanto para el justiciable como para el Abogado el cual, al tener que responder a la consulta de un cliente, ya tiene que ir curándose en salud (máxime ahora con el asunto de las tasas) haciendo ver a aquel que lo razonable sería obtener una sentencia, en un determinado sentido, pero sin poder asegurar taxativamente nada.

El que suscribe no se resiste a exponer un par de ejemplos de, lo que podríamos denominar, “cacicadas judiciales”: El primero de ellos tiene como protagonista al inefable juez Campo Izquierdo (o “Prado Rojo”, como acertadamente le definió en cierta ocasion mi amigo el Novio de la Muerte). Este hombre es, ante todo, un ejemplo de mala educación, prepotencia y chulería elevadas al cubo. Pintamonas frustrado, sus salidas de tono son de sobra conocidas. En el caso que nos ocupa, el que suscribe defendía a un marido que tenía retenida su pensión por la Seguridad Social para pago de la pensión compensatoria a su ex. Hasta aquí todo normal. El caso es que la Seguridad Social le retuvo un mes la parte de pensión de jubilación que percibía este hombre pero no se lo ingresó a la señora hasta un mes después. Ante esto la señora demanda por impago de pensión a su ex conyuge y, a pesar de demostrar que éste no tenía culpa de nada, que la SS ese mes le retuvo su retribución y que no era culpa suya que la TGSS hubiera actuado de manera tan incompetente, el togado en cuestión afirma que este señor es el responsable del pago e incluso le condena en costas y hasta se queja de que le hayan hecho trabajar para eso. Quiere ello decir, que todos los maridos han de estar pendientes de que la SS, no sólamente le retenga puntualmente sus ingresos, sino también que ingrese a la ex su parte puntualmente ya que sino se arriesga a que este juez le machaque y encima haga gala durante la vista de sus poco versallescos modales, más propios de un gañán que de un Iltre Magistrado. Una compañera de Oviedo que le conoce bien me decía hace poco: “En el fondo es como un niño grandote. Si él te dice en Sala que el Sr Letrado no tiene ni idea y tú lecontestas que quien no tiene ni idea es Ud, Señoría, no dice nada ni se lo toma a mal.” Pues no me convence. En primer lugar porque un niño grandote ni pinta nada administrando justicia y en segundo lugar porque no creo que tenga derecho a sentirse molesto si alguien le devuelve el gesto de mala educación que él protagonizó primero.

Otro ejemplo lo constituye el llamado “principio de intervención mínima del Derecho Penal” que en la práctica sirve para que los jueces de Instrucción se quiten de encima asuntos y los carguen a sus colegas de lo civil, en cuya jurisdicción hay que pagar la tasa correspondiente. Que unos administradores de una empresa emiten facturas falsas, papel pelota y demás: Nada de delito, nos hallamos ante una “mala praxis administrativa”; Que un salvaje atropella a un señor al dar marcha atrás con su vehículo sin mirar y en sentido contrario a la circulación: Vaya Ud a la vía civil que el atropellado también tuvo su culpa por no cruzar por el paso de cebra (que se hallaba a treinta metros); que una constructora se queda con 80.000 € de un cliente y emite una factura falsa que, incluso, tiene la cara de presentar a la Agencia Tributaria , nada de nada, afirma la Sección Octava que “ni por asomo” se ve causa penal en este asunto. Donapetry dixit. Y así hasta el infinito.

Yo, hace tiempo que he decido no cortarme un pelo ante estas cacicadas. Y, sin perjuicio de razonar los recursos con una sólida base juridica, no tengo inconveniente en despacharme a gusto con estas patochadas. Y es que, a veces, el estado mental de alguna de Sus Señorías es altamente preocupante. Hace poco ví a uno de ellos riéndose sólo por la calle, casi a carcajadas. No sé si al pensar en los justiciables o en los Letrados. Así nos va.

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