“He podido ver también que en este mundo hay corrupción y maldad donde debería haber Justicia y rectitud” ECLESIASTÉS 3:16.

Ya empieza a hacerse patente la ganancia de poder que han adquirido los secretarios judiciales a raíz de las últimas reformas procesales, Todo ello, llevado al plano de la praxis diaria de la abogacía se traduce en constantes dislocaciones de párpados entre los compañeros. Y es que, aunque el espíritu últimas reformas del las leyes rituarias es la de descargar al juez de resoluciones de mero trámite o impulso procesal, muchas de las decisiones de los secretarios judiciales perjudican gravemente la continuación natural del proceso hacia la resolución final, lo que supone una clara injerencia en el fondo del asunto.

Para más inri, últimamente me topo con decisiones erróneas por parte de los secretarios judiciales que cierran ese camino natural del proceso sin ningún tipo de motivación y en y aión torcida de normas procesales. Y a partir de ahí, maldita la gracia cuando te topas decretos sin recurso que te paralizan sine die, cierran autos o liquidan tasas de forma arbitraria porque no le corresponde al Poder Judicial la gestión de los ingresos públicos,

No tengo nada contra la figura del secretario judicial, ni con el refuerzo de sus atribuciones, pero sí contra la suplantación de las funciones del juez en clara quiebra del ordenamiento jurídico y en fraude y perjuicio del profesional y el justiciable,

Y parece que el fenómeno va in crescendo, se diría como una sobrepoblación de jabalíes en los cotos cercanos a las carreteras y autovías, de ahí su necesidad de señalización para evitar futuros perjuicios.

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