Actualizaciones de Raffles - Amateur Cracksman Mostrar/Ocultar Comentarios | Atajos de teclado

  • Raffles - Amateur Cracksman 12:13 el 28 October 2009 Permalink | Responder  

    MISIÓN…..IMPOSIBLE 

    Misión imposible

    David Niven

    En aquella soleada mañana, el hombre dirigía sus pasos hacia el edificio de oscuros tonos grisáceos, ladeando su cabeza a izquierda y derecha para comprobar que ninguna mirada curiosa siguiese sus pasos. Abre la puerta de recio cristal, sube raudo las escaleras y, tras saludar al guardia de seguridad gira por el pasillo a la izquierda y se encamina hacia la doble puerta de madera que franquea el paso. Su mano derecha acaricia una recortada barba morena sobre la que despuntan algunos plateados mechones. A mitad del camino, se encuentra con un empleado de mensajería que distraídamente ordena varios paquetes.

    -No es tiempo de reivindicaciones, sino de mantener prietas las filas. –Le espeta el personaje al mensajero.

    -Cierto, máxime cuando en este invierno se alcanzan a otear las cumbres de las montañas nevadas. –responde el mensajero.

    -Es el yugo que pesa sobre nosotros, que no hacemos más que servir de blanco a las flechas que nos disparan. En fin, quizá tenga algo para mí, porque estoy esperando un envío.

    -En efecto. Aquí tiene. No hace falta firmar nada, todo está arreglado.

    El mensajero le entrega un pequeño sobre blanco y nuestro personaje, tras superar un amplio ventanal de atención al público donde tres empleadas respetuoosamente le saludan, se dirige a una puerta de madera que franquea la entrada a un diminuto reducto, refugio del protagonista de esta historia. Tras penetrar en dicho cuarto, cierra la puerta con llave y enciende ansioso el ordenador mientras extrae de un cajón de su mesa unos auriculares que conecta presuroso al equipo informático para aislar el sonido. Abre cuidadosamente el sobre y extrae un DVD que introduce en el ordenador mientras se sienta en su cómoda silla de cuero con respaldo ergonómico. Colocando la pantalla de espaldas a la puerta y cerrando la persiana, nuestro personaje visualiza, sin que nadie pueda molestarle, el disco que ha recibido.

    Buenos días, señor Smith. El hombre que usted ve en la pantalla es NDM, miembro y cabeza visible de una peligrosa organización subversiva denominada EPDMC. Aunque ésta es una organización legalmente reconocida y que actúa al amparo de la ley, los fines que persiguen pueden llegar acabar con la organización pública, pues aunque en principio solicitan la dignificación de los letrados del turno de oficio, en la práctica no persiguen otra cosa sino subvertir el orden constitucional y acabar con los recursos que en principio se destinan a otros fines sociales. Aunque se ha intentado por todos los medios abortar las actividades de dicha organización, las fuerzas convencionales han sido incapaces de detener su avance. Su misión, si decide aceptarla, consiste en desacreditar la labor de NDM y en poner fin las actividades de EPDMC, de manera que no suponga una amenaza para las autoridades. Tiene carta blanca para utilizar los medios que estime oportunos. Como siempre, si alguno de los miembros de su equipo es capturado o herido, la Consejería negará cualquier conocimiento del asunto. Este mensaje se autodestruirá en cinco segundos. Buena suerte Sig.

    A los pocos segundos se escucha un suave chasquido y por el lector de discos DVD del equipo informático sale una leve columnita de humo blanco, y el señor Smith se dirige raudo y entusiasta a cumplir la misión que le ha sido asignada. Piensa que su infalible equipo, integrado por G.F., el mago del disfraz, y por M.E., experto en electrónica, sin duda culminará con éxito lo que a las autoridades se les antoja una ……..MISIÓN IMPOSIBLE.

     
    • IVA 15:53 el 28 octubre 2009 Permalink | Responder

      Muy bueno el episodio.

    • indra 18:38 el 28 octubre 2009 Permalink | Responder

      No es muy bueno, es genial.Como la vida misma………

  • Raffles - Amateur Cracksman 19:29 el 25 October 2009 Permalink | Responder  

    TODOS AL GRITO “CORRIAM, VOLIAM” 

    Guillermo Tell

    20080728100David_Niven_art

    Parece que el Colegio de Abogados de Gijón ha decidido que la mejor manera de competir con la capital es ofrecer al gran público actuaciones dignas de las mejores representaciones operísticas. Si en Oviedo tienen el Teatro Campoamor como templo de la lírica, el jerarca colegial ha decidido, siguiendo la tesis del inmortal bardo de Avon, que todo el mundo sea un escenario. De ahí que la platea haya contemplado el bochornoso e inaudito comportamiento que el Secretario Técnico ha tenido con mi amigo y compañero El Novio de la Muerte.

    Sin duda alguna el señor Gordo y compañía actuaron pensando que su actuación no iba a tener más consecuencias que el necesario minutito de gloria para elevar la necesaria estima del Secretario Técnico, cuyo ego sin duda se reforzaría ante la presencia de dos agentes de la Policía Nacional y que, ante ello, todo el mundo se retiraría acobardado. Pues bien, si hace poco más de una semana Raffles, el ladrón aficionado, echaba mano de Verdi para ofrecer la verdadera imagen del Colegio de Abogados, en esta ocasión será Rossini y su Gugliemo Tell quien nos venga como anillo al dedo. Y desde aquí manifiesto públicamente que, aunque como buen caballero legionario El Novio de la Muerte se basta y sobra para mantener el sólo esta lucha contra enemigos de tan baja estopa, que sepa, de todas maneras, que no faltarán decenas, cientos de voces de compañeros que, de igual modo que Arnold al enterarse de la prisión de Guillermo Tell, entone la voz de Corriam, voliam animando al pueblo a liberar a la injusta víctima de las arbitrariedades del poder. Y, como Arnold, muchos de nosotros gritaremos de manera entusiasta al son de las notas de Rossini, aquello de

    Corriam, voliam, s'affretti 
    Lo scempio di quel vile 
    Che su noi trionfò. 
    Sì, vendetta dell'empio facciamo: 
    Il sentiero additarvi saprò.
    Ah! venite; delusa la speme 
    Renderem di chi vili ne brama. 
    Gloria, onore, vendetta ci chiama, 
    E Guglielmo per noi non morrà. 

    Porque hoy es el Novio de la Muerte, pero mañana puede ser cualquier otro. Por ello, amigo y compañero, Raffles desde aquí entona el Corriam, voliam, para que todos los que aún merezcamos ser calificados verdaderamente de compañeros acudamos en apoyo y socorro a quien de manera injusta ha sufrido la vendetta del poder. No obstante, y permitidme un levísimo animus iocandi, dado que carezco de los registros vocales necesarios para entonar dicha peliaguda aria operística, os la ofrezca en una versión que corresponde a una representación en directo de dicha obra en el año 1972, en la voz de uno de los grandes, el tenor Nicolai Gedda.

    I am RAFFLES – AMATEUR CRACKSMAN

     
    • John Wayne 10:43 el 26 octubre 2009 Permalink | Responder

      Una vez más, “chapeau”, por mi amigo Raffles y su acertadísimo comentario con el que estoy completamente de acuerdo. Yo, además pienso, siguiendo con los paralelismos artísticos que la situación colegial se parece tambián a una ópera bufa o un vodevil, en el cual aparecen en el escenario del Sr Gordo, personajes de lo más variado: Una miembro (o “miembra”) de la Junta, dos policías (o “guindillas”, en versión valleinclanesca), un superagente, cual marido despechado, etc. Solo faltaba, el decano tocando la lira o, mejor aún, toda la junta colegial mientras se derrumba el escenario, en plan “Crepúsculo de los dioses”.

  • Raffles - Amateur Cracksman 16:01 el 22 October 2009 Permalink | Responder  

    EL DESGOBIERNO COLEGIAL. 

    Raffles

    En fecha tan temprana como 1789, el artículo decimoquinto de la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano estableció que “La sociedad tiene el derecho de pedir cuentas a todo agente público de su Administración”. En fechas más recientes, el artículo 36 de la Constitución española de 1978 estableció que “La estructura interna y el funcionamiento de los Colegios deberán ser democráticos”. Pues bien los actuales rectores desconocen absolutamente el primero de los preceptos y en cuanto al segundo, parece como si el texto constitucional fuese para los actuales miembros de la Junta de Gobierno algo cuya sola cita o presencia les produjese urticaria. Pero es que si uno desciende a la regulación del estatuto del colegio (que incluye algunos aspectos tan extraños como hablar en su artículo 5 de “funciones de los Colegios de Abogados en su ámbito territorial” [sic] como si este precepto tuviera por destinatario a cualquier colegio de abogados y no sólo al de Gijón) la cuestión se torna aún más preocupante, pues el artículo 39 únicamente otorga al colegiado dos escuálidos derechos (mas la inevitable “coletilla” residual de “aquéllos otros que les confieran el Estatuto del Colegio” ). Pero el contenido en el artículo 39.a de los mismos es absolutamente esencial: “Participar en la gestión corporativa”. Ello no implica únicamente el ejercicio del derecho de petición y de acceso a los cargos directivos (inherente a la propia condición de colegiado) sino a acceder y recabar de las autoridades colegiales todos los datos necesarios para poder ejercitar el derecho de participación en la gestión corporativa para que, a la hora de tomar decisiones relativas al ejercicio de dicha participación, pueda hacerse con datos fehacientes, reales y concretos y no con meras elucubraciones o hipótesis.

    Llamo la atención de los colegiados sobre la idea que la actual Junta de Gobierno tiene del derecho de participación del colegiado en la gestión corporativa, que parece limitarse a que el profesional haga la ola a todo lo que las preclaras mentes rectoras decidan. Pues bien, ni es así ni debe ser así. Un profesional que se encuentra vinculado a una corporación como el Colegio de Abogados de Gijón (y puedo asegurar que más del noventa por ciento con una alegría tal que si se eliminara la colegiación obligatoria –hecho que da repelús a la casta dirigente- no permanecerían ni un centenar de letrados en la organización) tiene el derecho positivo y moral a recabar de la Junta de Gobierno todos los datos y elementos que estime necesarios. Póngase, por ejemplo, ese artículo tan sistemáticamente incumplido por los dirigentes del colegio, cual es el artículo 114 en sus párrafos 2 y 3. Este último precepto ofrece suculentas posibilidades (“Los colegiados en número superior al 1 por 100 del censo podrán formular petición concreta y precisa sobre cualquier dato relativo al ejercicio económico”). Claro que teniendo en cuenta el respeto que los actuales rectores del devenir colegial tienen por el texto constitucional no es para ser muy optimista respecto al cumplimiento de un vulgar estatuto colegial. Existen actuaciones del Colegio de Abogados que claman al cielo y que en cualquier país civilizado hubieran provocado en los dirigentes una estratégica dimisión y un alejamiento absoluto de cualquier intento de perpetuarse en los cargos. La nefasta gestión colegial en las reivindicaciones del turno de oficio (tema que, al parecer, la Junta de Gobierno ha dado por finiquitado); la absoluta desigualdad de trato que el decano dispensó a los profesionales, dividiéndolos en “buenos” (los que le apoyaban) y “malos” (los que discrepaban de su gestión); la desidia administrativa hasta el punto de que solicitudes por escrito realizadas por letrados a título particular duermen el sueño de los justos. En este último aspecto cuento una anécdota muy concreta: cuando quien suscribe presentó un recurso de alzada ante al Consejo de la Abogacía frente a un acto colegial, siendo consciente de la celeridad y eficacia de la persona encargada del registro, opté por presentarlo a través de correo certificado, llegando a su destino en cuatro días, mientras que otros compañeros que ingenuamente optaron por utilizar la “ventanilla” colegial vieron cómo su escrito estuvo retenido en las dependencias colegiales casi un mes.

    El gran administrativista y excelente escritor Alejandro Nieto dedicó varias de sus obras a lo que denominaba “desgobierno” (así, “La organización del desgobierno”, “El desgobierno judicial” o “El desgobierno de lo público”). Temo que si el profesor Nieto decidiese abordar la un tema como este necesitaría cinco tomos dobles. Porque los principios de eficacia, eficiencia, celeridad, coordinación, atención al colegiado son los grandes desconocidos de este gigantesco e inmenso agujero negro conocido en esta villa como Colegio de Abogados de Gijón, cuya idea de estructura interna y funcionamiento democráticos parecen apuntar al sistema ideado en su momento por el organicismo krausista.

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  • Raffles - Amateur Cracksman 20:46 el 20 October 2009 Permalink | Responder  

    EL COLEGIO DE ABOGADOS O EL MODERNO RIGOLETTO. 

    Rigoletto

    Raffles

    Cuando a estas horas de la noche llega a mis oídos la música inmortal de Verdi en una de sus óperas más brillantes, no puede por menos que sumirme en una honda preocupación el serio paralelismo entre la historia que se narra en Rigoletto y el Colegio de Abogados de Gijón. Porque, sin duda alguna es duro y doloroso decirlo, pero en eso y no en otra cosa se ha convertido la corporación de letrados gijoneses y, por asimilación, quien lo representa: en una gibosa e hilarante criatura bufonesca que parece no servir más que para ser blanco de las burlas, chanzas y chirigotas de quienes la rodean. Quien se haya asomado aunque sea unos minutos por la inmortal historia verdiana comprenderán con hondo dolor que si de algo peco es de excesiva generosidad. El Colegio de Abogados de Gijón se ha convertido en el hazmerreir de sus homólogos de las respectivas provincias y localidades españolas durante los últimos años, y ha sido ninguneado, humillado y vejado por autoridades públicas y privadas con la tácita complacencia de quien lo rige, y si no ahí se encuentran las patéticas declaraciones del jerarca colegial a la hora de justificar los ninguneos que sufrió por parte de la Consejera de la Presidencia y algunas intervenciones en canales de televisión local que si no mueven a la carcajada general es únicamente por lo trágico del asunto que subyace. De ser un ente modesto y sobrio, consciente de sus limitaciones pero, al menos, respetado allende nuestras fronteras, se ha pasado a un modelo colegial basado exclusivamente en promoción de actividades lúdico-festivas para la exhibición de los mismos rostros año tras año, en un ente preocupado únicamente por ofrecer una protección excesiva del justiciable en detrimento del abogado y, paradójicamente y aunque pueda parecer increíble, por una excesiva proyección de las ansias y deseos íntimos de quien hoy lo rige, en un intento de aparentar bajo lujosos oropeles una grandeza que sólo encubre tristes miserias.

    Pero existe una diferencia entre ambas situaciones, y es el trágico áurea de grandeza que rodeaba al personaje de Rigoletto y que, de alguna manera le redime ante nuestros ojos. Y es que, al menos ,el protagonista de la ópera homónima intentó hasta el último momento salvaguardar la integridad y el honor de Gilda, la hija a su cargo a la que intentó proteger hasta el final y, cuando su lucha resultó infructuosa, buscó por todos los medios vengarse de quienes la habían afrentado, lo que da pie a uno de los momentos más emotivos de la ópera,  donde Rigoletto no duda en clamar a voz en grito Si vendetta, tremenda vendetta frente a quienes abusaron de la persona a quien  tenía en custodia. Por desgracia, nuestro Rigoletto particular no sólo no ha mostrado interés alguno por salvaguardar la honra de aquéllos quienes debía proteger, sino que incluso se ha alineado expresamente con las personas que han forzado (metafóricamente hablando) a los colegiados gijoneses y, más que entonar el Cortigliani vil razza dannata hay quien prefiere alinearse con los cortesanos, limitando su actuación oficiosa a entonar alegremente el Questa o quella sin ni tan siquiera tener a su favor el ostentar la bella figura, la prestancia y la gallardía del Duque de Mantua.

    En eso consiste nuestra desgracia, en habernos convertido en una trágica parodia del bufón Rigoletto.

    No obstante, para intentar evadirnos de esta cruda realidad que nos vemos obligados a sufrir dia sí y dia también, ofrezco al amable lector del foro dos de las arias a las que he hecho referencia: el Questa o quella, donde el duque de Mantua presume ante su corte ducal de sus conquistas y su buena fortuna en las artes amatorias y el aria de la vendetta, donde Rigoletto jura ante su hija Gilda que su furia caerá como un rayo divino sobre quienes no supieron respetarla.

    I am RAFFLES – AMATEUR CRACKSMAN

     
    • John Wayne 09:26 el 21 octubre 2009 Permalink | Responder

      Excelente comentario el de mi amigo Raffles y tan atinado como siempre. Estoy completamente de acuerdo en la diferencia fundamental entre Rigoletto y los (por el momento) mandamases del Colegio. Estos últimos, no tienen excusa ni atenuante posible ya que, no se trata tan solo de negligencia, sino de actuar a sabiendas contra los colegiados. Es este un hecho inaudito: Un Colegio de Abogados que, no sólamente no defiende ni ampara a los colegiados (con lo que pierde su razón de ser y se convierte en una máquina de recaudar cuotas en beneficio de una minoría de sátrapas) sino que se dedica a atacarlos con saña. ¿Y qué decir del oscurantismo, de la negativa a dar explicaciones sobre extremos bastante turbios, que están en la mente de todos? ¿Cómo es posible que un Colegio de Abogados gaste 24.000 € en “asesoramiento”? Y esto y mucho más. Señores, si se opta por el silencio en vez de por “luz y taquígrafos” la sospecha y la imaginación son libres. En un par de meses, tendremos ocasión de cambiar todo ésto.

  • Raffles - Amateur Cracksman 11:16 el 16 October 2009 Permalink | Responder  

    AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UN ABOGADO NOVEL: MALES Y POSIBLES BIENES. 

    Abogado

    Raffles

    Esta semana tuve la ocasión de intercambiar impresiones con una compañera que (¡oh dichosa e irresponsable ilusión de juventud!) había tomado la decisión de darse de alta por vez primera en el turno de oficio. Su ilusión retrocedió varios centímetros cuando fue “informada” por cierta persona tristemente célebre por lo atinado de los consejos y precisiones que suele dar a las personas que con sus cuotas le están pagando el sueldo. Pero ese ímpetu juvenil se desplomó cuando nuestra gloriosa y nunca bien ponderada organización colegial al servicio del abogado puso en sus manos el impresionante equipo técnico consistente en un lector de tarjetas para instalar en el ordenador: el lector no funcionaba y, en consecuencia, al no reconocer la tarjeta, la compañera no podía acceder a la zona privada de nuestra, por otra parte, lamentable página web que ni es página y sólo por medio de una generosidad sin paliativos puede permanecer en la red donde hasta la bitácora creada por el más desinformado de los jovenzuelos supera mil veces la creación (se supone) de nuestro informático, otro personaje que pulula (bien es cierto que con escasa frecuencia) por las dependencias colegiales y cuyo sueldo pagamos igualmente los sufridos colegiados con aquella parte de nuestros emolumentos que trimestralmente nos esquilma con el espaldarazo del Estado esa cueva de mercachifles denominada colegio de abogados. Pues bien, el caso es que como yo viví en mis propias carnes en su día la experiencia de esta joven compañera y como a mí me sucedieron exactamente los mismos acontecimientos que a ella le ocurrieron en la actualidad, ello me permite nuestras cuotas se elevan en cuantía mientras los servicios no sólo no ascienden, sino que disminuyen en calidad. ¡Esa es la organización y los servicios con los que cuenta nuestro Colegio de Abogados de Gijón, entidad que solo mediante los esfuerzos de la más portentosa imaginación puede, sin mover a la hilaridad general, sostener que goza de una infraestructura personal y material acorde con los tiempos que corren.

    No obstante, de todos los acontecimientos, incluso de los más rayanos con el esperpento o la astracanada, se pueden extraer lecciones y, al menos en lo que al humilde redactor de estas líneas se refiere, le han venido a la cabeza un par de ideas que pueden servir tanto como fuente de ingresos como de medida reivindicativa del turno de oficio. En 1974 decía el generalísimo Franco que es virtud del hombre político convertir los males en bienes, no en vano reza el adagio popular que “no hay mal que por bien no venga”. Pues bien, creo sinceramente que podríamos convertir nuestros males, las lacras y deficiencias corporativas, en una fuente de ingresos e incluso convertirlas en instrumento que facilitase nuestra reivindicación del turno de oficio, Bastaría para ello con tomar estas dos sencillas medidas:

    1)      Ponerse en contacto inmediatamente con los guionistas de Cámera Café a fin de que se desplacen a las dependencias colegiales a tomar nota de una posible secuela o spin off de la serie, que podría titularse Cámera Café: Abogando. Tan sólo con una jornada podría extraerse material (y les aseguro que no exagero nada) para al menos tres docenas de episodios, donde los personajes de Jesús Quesada (a quien ya veo en su sufrido papel de Secretario Técnico) y Richard (Joaquín Reyes tendría en nuestras de las dependencias colegiales un verdadero modelo para su personaje) harían las delicias del personal. Amen de ello, podrían sacarse unos cuantos eurillos en concepto de derechos de autor.

    2)      Encargar de manera inmediata al actual Secretario Técnico la ardua tarea de atender al justiciable que demanda información para solicitar abogado de oficio. ¡Imagínense la situación! Serian decenas, cuando no centenas, las personas que demandarían una ayuda informativa del personaje que, seguro no nos decepcionaría en el sentido de ofrecer al probo ciudadano unos servicios con la misma calidad y rigor con que nos tiene acostumbrados a los colegiados.

    Creo que con ello no sólo se aliviarían los evidentes y serios problemas económicos que actualmente ostenta la corporación, sino que las reivindicaciones de los letrados recibirían el espaldarazo definitivo con la desinteresada ayuda de nuestro auténtico diamante en bruto, actualmente infrautilizado en una covachuela alejado del justiciable que, así, se ve injustamente privado de la más eficaz ayuda y socorro.

     
    • Victoria 11:28 el 16 octubre 2009 Permalink | Responder

      Magnífica propuesta que se nos hace, la segunda. Dada la diligencia, rapidez y amabilidad con que suele tratar dicho personaje los asuntos de los colegiados (que son los que le pagan el salario), generalmente personas educadas y respetuosas en el trato; me puedo imaginar, que de tener entre sus funciones la de atender a los solicitantes de justicia gratuita (personas de todo tipo y que puede incluir algun especímen que provocó que se retirasen las grapadoras del otro lado del mostrador, basicamente para preservar la integradidad fisica de nuestras sufridas trabajadoras) las solicitudes disminuirian en gran numero, con el consiguiente aumento de potenciales clientes particulares.

    • makka 11:34 el 16 octubre 2009 Permalink | Responder

      Muy bueno! me estoy imaginando la escena de camara cafe estilo “colegio de abogados de Gijon” y me esta entrando la risa floja, un director de casting tenia un buen filon por aqui je,je

    • Esperanza Perdida 13:53 el 16 octubre 2009 Permalink | Responder

      Como no podía ser de otra manera estoy totalmente de acuerdo con los comentarios que se hacen a propósito de alguno de ” nuestros empleados” y de nuestra deplorable página web. Pero tengo que comentaros que la situación todavía es más grave de lo que parece, pues la realidad es que estamos pagando el sueldo a DOS ( 2 ) informáticos, al de siempre y a la otra señora que se sienta dando la espalda al de todos los días en aquel cubículo que les han habilitado. Si compañeros, la Sra. Beatriz empezó como becaria, a costa del Consejo General, pero hace ya tiempo que su beca mutó a relación laboral por cuenta ajena… y la cuenta ajena es la nuestra propia, la de todos los abogados del colegio de Gijón, ¡ pobres letrados… ni siquiera conocen el número de bocas que alimentan!

      En breves días comentaré la última contratación laboral efectuada en nuestro colegio…

  • Raffles - Amateur Cracksman 21:57 el 13 October 2009 Permalink | Responder  

    LA TRAMITACIÓN DE LA LEY ÓMNIBUS O EL “RUIDO DE VIENTRES” 

    Damocles

    Desearía comenzar mi nueva andadura en esta nueva página con una reflexión sobre un viejo tema en estos momentos de rabiosa actualidad y que sin duda provocará no ya arroyos, sino aluviones de tinta amén de gritos airados, no siendo descartable el recurso a las beneméritas plañideras. Si hace treinta años sobre la transición española se cernía la sombra del “ruido de sables”, expresión en boca de mucha gente y con la cual se manifestaba el temor popular a una intervención del ejército que diese al trasto con el tránsito pacífico de un régimen autoritario a un sistema parlamentario, sobre la actual tramitación de la conocida como ley ómnibus acecha la sombra de un “ruido de vientres”, un sonido que emana de los estómagos agradecidos a la par que temerosos de toda una casta que se autoperpetúa en los cargos de unas instituciones corporativas que hace tiempo debieran estar gloriosamente fenecidas.

    En efecto, ante el más leve susurro de finiquitar la sacrosanta colegiación obligatoria faltó tiempo a los jerarcas rectores de unas corporaciones ancladas en decimonónicos cánones para hacer casus belli de la permanencia de tales instituciones. Mas lo gracioso del asunto es que en modo alguno lo hicieron en nombre de los intereses profesionales, y ni tan siquiera de los colegiados a quienes en principio juraron defender sino que en nuestro caso, en el caso de Abogados y Procuradores, la defensa numantina de las corporaciones profesionales se hace en nombre……¡del justiciable!. Nos encontramos, pues, con el hecho paradójico que los colegiados a quienes se impone la colegiación obligatoria como requisito esencial para desempeñar una profesión contribuyen con sus draconianas cuotas a sufragar un colegio cuyo interés supremo es la defensa del justiciable. ¿Por qué entonces no se exigen las cuotas al justiciable? ¿Por qué las autoridades sangran nuestros bolsillos para apuñalarnos por la espalda? Ante ello no queda más que preguntarse qué intereses pueden tener esas castas parasitarias que año tras año, lustro tras lustro, decenio tras decenio, se perpetúan en unos cargos que en modo alguno merecen. Y si no pregunten a cualquiera que se hubiese colegiado en los últimos veinte años y pregúntele cuáles son los nombres que están siempre en los aledaños del poder, comenzando por el actual decano que, al menos desde que el redactor de estas líneas se colegió hace ya la friolera de doce años, siempre estuvo ahí con la mira puesta en el ansiado sillón que ahora ostenta y en el cual busca perpetuarse. ¡Qué gozo poder mirar al resto de los mortales y decirles “yo soy el decano”! ¡Que inmenso placer poder colocar la fotografía en la por otra parte tercermundista página web del colegio! Y, en fín, qué desahogo poder desplazarse a congresos, jornadas, seminarios y conferencias como “decano del colegio de abogados de Gijón”. Y, claro, tras años, lustros y siglos con un régimen cuasigremial (el único que sobrevivió a las Cortes de Cádiz) se anuncia de repente la tramitación de una ley que amenaza con dejar en el aire la colegiación obligatoria. No ya la desaparición de los colegios, sino simplemente la colegiación obligatoria. Y ante ello, claro, se disparan las señales de alarma y se encienden las luces rojas en quienes han hecho de los colegios profesionales un auténtico spoil system.

    Estén atentos durante los próximos meses. Se verán muchas autoridades mesándose los cabellos y se escucharán lastimeros sonidos que helarán la sangre. Es el “ruido de vientres”, el gruñido de los estómagos de aquéllos que ven amenazado su aristocrático y privilegiado abdomen, de aquéllos que ven cómo sus orondos buches alimentados por años y años de inmerecidas prebendas y gavelas habrán de dar paso a una figura más estilizada y adecuada a los nuevos tiempos, y por ello no dudarán en hacer cuanto esté en su mano por mantenerse en sus arcaicos y estamentales fueros y, en consecuencia, evitar que se intente liberar al sufrido profesional de ese pesado yugo que le oprime el cuello, esa verdadera espada de Damocles que pende sobre su cabeza…¡la sacrosanta colegiación obligatoria!

     
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